No mirar a los mapas, seguir en mí mismo, no andar
ciertas calles, olvidar que fue mío una vez cierto libro.
O hacer la canción. Y decirte que todo esta
igual: la ciudad, los amigos y el mar,
esperando por ti, esperando por ti.
las heridas dolían cada vez más
se hacía una gran costumbre las noches en vela
los insomnios eternos
las noches de días
y los días que más que días
parecían excusas de una existencia
que duraba más de lo que se quisiera...
ya las frases perdían sentido
las vivencias
todo era surreal
todo era un espejismo que se perdía en la lejanía
el tabaco amontones
las noches secas
todo lo hacía parecer así
porque todo extrañaba aquello que ya no estaba
aquello que se perdía en los recovecos de la memoria
una memoria que esperaba perderse para siempre en ti
...
en ti...
donde alguna vez hubo un tú
...
es entonces cuando las caretas del destino
cuando esas preciosas quimeras
cuando el ya no se transforma
se vuelve un tal vez
un posible
un certero quizas
y aparecen
ante los ojos atónitos
de la vagabunda sombra
que ya no esperaba salvación
se transforma y reaparece
ante la desconfiada entidad de ssentimientos acumulados
ante esa absurda existencia que llamaban mujer
y ahí está
tal como antes lo estuvo
con más heridas
con menos confianza
con menos amor
pero con la misma serenidad
con la misma sencillez compleja
con los mismos malos habitos
a inundar esa ausencia de ti
donde ya volvió el tú
pero se le olvidó traer el nosotros
que a pasos lentos llega
desafiando las voluntades inocuas
las cascadas vípedas
y sus artilujios de tramposa
para volver aquí....
donde no se le esperaba
donde duele y atormenta en lo profundo
donde se va al carajo la resignacion
donde la flor, nuevamente
guarda la intención de crecer



